Del deporte olímpico a Barranquitas

Hoy he sido invitada a honrar la memoria de uno de los más distinguidos hijos de esta Patria. A 157 años del natalicio de Don Luis Muñoz Rivera, tengo el honor de haber sido llamada a presentar el Acto que mayormente ha sido reservado al sector político de nuestro País, con algunas excepciones. Así ha sido, pues la política fue el ámbito al que este insigne puertorriqueño dedicó su vida, su intelecto y sus fuerzas.

Las situaciones cambian y muestra de ello es que el universo, el destino, la fortuna, la causalidad me ha colocado en este escenario, que si bien distinto al del deporte (en el que me he formado) no está distante ni separado de él, porque nadie esta ajeno a la realidad de su entorno.

Para aquellos que profesamos los ideales olímpicos, esa inserción se da en el marco de unos objetivos claros, amplios y que buscan promover los más altos valores morales. El olimpismo es un estilo de vida basado en el respeto de los principios éticos fundamentales, donde el buen ejemplo y el esfuerzo se elevan como preceptos del espíritu olímpico.

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La igualdad, la fraternidad, un no rotundo al discrimen, a ninguno, el respeto por la diversidad, la solidaridad y todo lo que nos permita el acercamiento entre los seres humanos y a las naciones, forman parte de ese proceder que sin duda me permiten hoy formar parte de este escenario.

El pensamiento adelantado y preclaro del prócer de Barranquitas y su lucha por las reivindicaciones políticas de nuestro País, en esencia estuvieron enfocados en la dignidad del ser. Obtener derechos políticos y económicos para el pueblo al que pertenecía, un pueblo cultural e ideológicamente distinto y para el que reclamará autonomía.

Al poeta le tocó vivir el momento histórico de cambio de soberanía de nuestra Isla y el retroceso de logros autonómicos obtenidos apenas en 1897. Otra realidad se constituía, eran tiempos de gran incertidumbre. Pero su lucha no cejó, retomó con otros protagonistas su batalla incansable por lograr igualdad de derechos para su País. En el momento histórico que le toco vivir, consideró que la ciudadanía norteamericana otorgaría a los puertorriqueños la igualdad.

Con un propósito similar fue que Julio Enrique Monagas escribió al Comité Olímpico Internacional, en la búsqueda de la igualdad para que los atletas puertorriqueños pudieran asistir a los Juegos Olímpicos. Es así como en enero de 1948, recibimos el reconocimiento del Comité Olímpico Internacional y el 29 de ese mismo año, nos presentamos ante el mundo deportivo con el nombre de Puerto Rico, en el legendario estadio Wembley de Londres. Desde entonces hemos participado ininterrumpidamente en la fiesta grande del deporte internacional, enalteciendo la soberanía deportiva que nos cobija, que atesoramos, pues en lo único que somos soberanos ante el mundo es en el deporte.

Nuestros atletas están muy conscientes de la responsabilidad que tienen cada vez que asisten a un evento internacional. Esa soberanía deportiva la defienden con gallardía, valentía y dignidad antes los rivales de otras naciones, sin importar el resultado que se obtenga. Nuestros dirigentes deportivos son respetados en la región y en el mundo, por demostrar con sus acciones, conocimiento y aportaciones, que los puertorriqueños vivimos intensamente el ser nacionales de Puerto Rico. Esa soberanía que nos da el deporte la defendemos con garras, porque el pueblo se siente con su propia identidad ante las naciones del mundo.

La historia deportiva puertorriqueña es muy rica y muy diversa, de grandes hazañas y retos. Basta sólo con decirles que nuestra primera delegación en 1948, desfiló en Londres con la bandera del escudo de Puerto Rico, que para esa época era el escudo oficial de la Isla, que simbolizaba nuestro nacimiento como pueblo. Cuatro años más tarde, en Helsinki 1952, los Juegos se inauguraron un 19 de julio, muy cercano a estas fechas, donde volvimos al desfile pero esta vez con dos banderas, la bandera del escudo de Puerto Rico, acompañada por la bandera de los Estados Unidos. Seis días más tarde, un 25 de julio, se promulgo el Estado Libre Asociado de Puerto Rico y la aprobación de la bandera de Puerto Rico. Días más tarde, el 30 de julio, y en un suceso sumamente emotivo para nuestros atletas, la bandera de los Estados Unidos fue arriada de la plaza de las banderas en la villa olímpica para enarbolar la bandera puertorriqueña, que es el símbolo que hoy y desde ese momento nos representa a todos los puertorriqueños en los Juegos Deportivos Internacionales con orgullo y dignidad.

Prohibido olvidar que en Moscú 1980, nos quisieron imponer un boicot, que afortunadamente no lograron materializar. Allí nos presentamos con tan solo tres atletas, el cayeyano Alberto Mercado como abanderado, esta vez portando la bandera olímpica, haciendo valer la soberanía deportiva de Puerto Rico, su adhesión a los valores olímpicos, en un gesto que le valió la admiración de toda la comunidad deportiva internacional. Con cuatro banderas hemos desfilado en 68 años olímpicos, siendo la monoestrellada la que volveremos a plantar el 4 de agosto en la ciudad brasilera de Rio de Janeiro durante la ceremonia de bienvenida de la Delegación, ante 206 países del universo.

Durante estos años de puro olimpismo, hemos sido excelentes anfitriones y nuestra capacidad organizativa ampliamente demostrada. En el 1966 fueron los Juegos Centroamericanos y del Caribe, primer evento multideportivo que realizamos luego de dos intentos de sede. Por primera vez los nuestros jugando en el patio de la casa, donde su majestad Anita Lallande logró imponerse con diez medallas de oro y dos de bronce. Luego de esos Juegos aspiramos a más, porque en la vida siempre hay que aspirar a más, y surgieron los Juegos Panamericanos 1979, evento con los mejores atletas del continente donde toda América se dio cita. Los Juegos Centroamericanos y del Caribe efectuados en Ponce 93 y Mayagüez 2010 han sido otros ejemplos de nuestra gran capacidad organizativa. Con Don Germán Rieckehoff Sampayo, para mí el padre del olimpismo moderno nacional, aprendimos hasta a soñar con que podíamos ser sede de unos Juegos Olímpicos, creando la Comisión Pro Sede 2004, y gritándole al mundo que una isla pequeña en el Caribe estaba disponible para recibir al mundo del deporte.

Múltiples medallas mundiales, centroamericanas, panamericanas y otros triunfos importantes han sido motivo de alegría y orgullo de todos. Prohibido olvidar que de esta pequeña tierra, han nacido 8 medallistas olímpicos, dos plateadas y seis bronceadas, con las excelentes ejecuciones de Juan Evangelista Venegas, Ariestides González, Luis Francisco Ortiz, Orlando Maldonado, Aníbal Acevedo, Daniel Santos, y las más recientes con Jaime Espinal y Javier Culson. Estas medallas forman parte de nuestra carta de presentación, colocándonos por encima de países con más población y recursos.

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Más de 500 atletas boricuas han desfilado por el escenario de los Juegos Olímpicos de Verano, los recién creados Juegos Olímpicos Juveniles y como somos de sangre valiente y tan decididos, hasta en los Juegos Olímpicos Invernales hemos participado. Esos compromisos, lealtad y valentía que han demostrado los atletas y deportistas boricuas a lo largo y ancho del planeta, han sido recompensados con el amor, el cariño y el aplauso que el pueblo le ha demostrado a sus hazañas deportivas.

Hoy el deporte ha evolucionado tan rápido como la misma tecnología. Cada día hay más eventos, más reglas de juego, más oportunidades para las mujeres, mas países participando, más atletas reconocidos como los mejores del mundo, más inversión de los gobiernos y de la empresa privada. ¿Cómo no apoyar a un movimiento pacífico, que presenta un espectáculo deportivo de primer orden, en el que cada atleta tiene una historia de vida que es un ejemplo digno de superación, sacrificio, y de enseñanza ante la humanidad, con un ensordecedor mensaje de paz y unión universal? ¿Acaso conocen ustedes alguna otra herramienta más poderosa que ésta?

El movimiento olímpico puertorriqueño le ha servido bien al país, que no les quede la menor duda. El sitial tan alto que el pueblo nos ha brindado es un reconocimiento a la labor realizada por mucha gente, muchas hormiguitas que han laborado en el deporte, cada cual desde sus trincheras, desde sus tribunas, haciendo mucho con poco, cambiando vidas, soñando con ser olímpicos algún día. Muchos de manera voluntaria, sin recibir ninguna compensación económica, solo teniendo la satisfacción del deber cumplido, de hacer las cosas bien, todo por enaltecer la patria.

Como vemos, el movimiento olímpico nacional no ha estado exento de vivir cada proceso que nos afecta como pueblo. No obstante, la firmeza, la constancia, la fortaleza de carácter, la fe inquebrantable de lograr, de conquistar, de alcanzar una meta, la certeza de que para llegar hay que trabajar duro, de que en el camino se cae pero también se puede levantar con nuevos bríos, son cualidades del proceso que viven nuestros deportistas. Con sumo respeto me atrevo a señalar paralelismos entre nuestros atletas y nuestro insigne y noble político, Don Luis Muñoz Rivera, con su valentía, su dedicación más allá de lo posible, el empeño y la certeza de que somos un pueblo con identidad propia.

De mis abuelos y de mi madre aprendí al respeto por los demás, a creer que existe un Dios Todopoderoso, a ser positiva, a trabajar honradamente, a construir no a destruir. Suficientes razones para no estar conforme, y es que no debemos conformarnos, con vivir en un país donde todo se critica, en el que hablamos de cualquier tema sin los conocimientos adecuados, en el que olvidamos la cortesía cuando estamos al volante de un automóvil, en el que la mofa y el chisme está de moda, en el que las metas personales van por encima de todo y el perdón está en peligro de extinción, donde la tolerancia para el prójimo es casi inexistente, donde los niños ya no son tan sagrados y protegidos y donde la familia no necesariamente es el centro de nuestras vidas.

Ustedes no saben cuán difícil se me hace conversar con los amigos del olimpismo de otros países sobre la situación del País, especialmente en el sector económico y político. ¿Cuántas dudas y preguntas tienen sobre Puerto Rico? ¿Y saben por qué? Porque siempre nos vieron como el país que vivía protegido por un hada madrina, donde el dólar americano es símbolo de abundancia y prosperidad, y el pasaporte de los Estados Unidos significa la libertad y democracia que muchos de ellos anhelan tener.

En momentos en los que estaremos a la merced de una Junta de Control Fiscal, todos tenemos mucho que aportar. Cada cual de manera individual, en su grupo de familia, comunidad o ambiente laboral. No podemos continuar mirando a lo lejos, seguir indiferentes, porque realmente todos somos los afectados, y el deporte no está exento de nuestra realidad. La incertidumbre no podrá apoderarse de nuestro ser, no permitamos que el miedo nos paralice porque algún rumbo nuevo debemos tomar.

El mundo cambia pero no cambian los valores que nos hacen gente, ni deben cambiar los momentos como estos, en los que honramos y recordamos a los hombres que nos han dado Patria.

Si las etiquetas nos reducen, encierran y llevan a la mezquindad se requiere volver a la esencia. Buscar en nuestra historia como hoy, y recordar la firmeza y fortaleza de carácter de un líder como pocos y ver que éstas son virtudes, no sinónimos de violencia, donde hay espacio para un verbo enérgico, pero además elegante y respetuoso. Que somos un gran País, y que somos nosotros los que provocamos o reducimos nuestras propias posibilidades. Todos somos diferentes, por eso diferimos, pero en ese asunto no debemos distraernos más. Cuando asumimos nuestra responsabilidad estamos listos para el siguiente paso, ponernos de acuerdo y este proceso no debe tardar.

Hemos sido testigos de que el interés personal se ha sobrepuesto al colectivo y que la pobreza es todavía un reto a superar y el derecho al trabajo y la paz son todavía ideales por alcanzar. Que el egoísmo, el protagonismo y la avaricia nos derrumban. Que creernos dueños de los recursos naturales nos llevó al proceder irracional que ha comprometido nuestro futuro, y que el deterioro del patrimonio natural, social, físico y mental es una realidad que no podemos ocultar.
Nuestro País requiere del compromiso honesto. Pedimos un alto, una tregua, para la solidaridad, el apoyo, la cooperación, la fraternidad y la comprensión que tanto necesitamos como pueblo. Para trazar la ruta, cada quien lo hará desde la tribuna que ha escogido pero hay que ser íntegro y unirse y ser firmes en los procesos en que nos va la vida. En el mundo olímpico existía una tregua olímpica, también conocida como la paz olímpica, que era un periodo de días donde las guerras entre países se suspendían temporalmente, con objeto de que los deportistas pudieran desplazarse a Olimpia para participar en los Juegos Olímpicos Antiguos y luego volver a sus ciudades en paz. ¿Quizás sea hora de volver a tiempos antiguos pero de manera permanente?

Requerimos de una visión y proceder que nos permita satisfacer las necesidades de todos para una existencia digna y este camino se forja tomando decisiones responsables. Sepan todos que en el Comité Olímpico continuaremos apostando al país, seguiremos haciendo el bien, laborando con nuestro mejor talento, desarrollando atletas de alto rendimiento, realizando una tarea de excelencia, administrando con cautela los recursos del estado y de la empresa privada, creando nuevos héroes para Puerto Rico, sembrando y cultivando sueños en los niños y niñas a través de los distintos programas federativos, plantando bandera en otros mares, llevando el nombre de Puerto Rico muy en alto.

Las derrotas y resultados no alcanzados nos han permitido perseverar en la búsqueda por ser más rápido, más alto y más fuerte; “Cituis, Altius, Fortius”. El olimpismo es una filosofía de vida y sus valores como la excelencia, la amistad y el respeto permanecerán en nosotros por siempre.
Estamos a 19 días del inicio de Juegos Olímpicos de Rio de Janeiro. A la ciudad del samba y del Cristo llegaremos, una vez más, con la monoestrellada en manos de nuestro medallista olímpico Jaime Espinal. Una Delegación de 42 atletas comprometidos con el país han cumplido con los más estrictos requisitos de clasificación por sus federaciones internacionales, siendo reconocidos como los mejores del mundo, logrando obtener su boleto aéreo por ser ejemplos de vida para la humanidad. Allí llegaremos cargados de sueños, de fé, de esperanza, buscando alcanzar la excelencia deportiva, haciendo vibrar los corazones puertorriqueños hoy día tan dispersos en el planeta Tierra, repartiendo semillas para nuevas generaciones, y sobre todo defendiendo nuestros colores y el nombre de Puerto Rico en el terreno de competencia.

Aún nos queda mucho camino por recorrer y aunque el viento sea tormentoso sabemos cuál es nuestra ruta. Recuerden que el Comité Olímpico de Puerto Rico está aquí para estimular el desarrollo del deporte desde edades tempranas y el deporte para todos; para servir a la humanidad promoviendo la paz; para promulgar la ética y la buena gobernanza; para proteger a los atletas honestos y la integridad del deporte; para fomentar la salud en los atletas y en el público en general; para asociar el deporte con la cultura y la formación; y para mí la más importante, para crear un estilo de vida basado en la alegría del esfuerzo.

Si algo he aprendido en la vida es a ser agradecida. Alguna vez se han sentado en la comodidad de su hogar a hacer una lista por las cosas que deben estar agradecidos. Los invito a realizarla, les aseguro se sorprenderán.

Vivo agradecida de estar viva, de tener salud, un hijo, un hogar, una madre viva que aún me da su cariño y también sus sabios consejos, una numerosa familia extendida, muchos amigos en el deporte, un trabajo que me apasiona y que me ha brindado grandes oportunidades, más de las que jamás pensé alcanzar. Gracias a todos por estar aquí, por la invitación recibida por la Fundación Luis Muñoz Rivera, a su familia representada en este acto por la Hon. Victoria Muñoz Mendoza, y en especial por la amabilidad de Marisara, Linda y Julio.

Del deporte olímpico a Barranquitas o a donde decidamos llegar, lo importante es que lo que pensemos y creemos nos permita trascender para crear una nueva familia humana. Prohibido olvidar de donde somos, que hacemos, quienes somos y porque estamos aquí.

Agradecida siempre.

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